Hay pruebas en la vida que reconocemos de inmediato como muy grandes y muy difíciles de enfrentar por nosotros mismos. Están más allá de nuestros recursos y de nuestro ámbito de influencia, amenazando con consumir las cosas que son más importantes para nosotros.
El Padre celestial permite estas luchas para sacudir nuestra confianza y enseñarnos que “no es [nuestra] la guerra, sino de Dios” (2 Cr 20.15). Él sabe que es solo cuando vemos su carácter fiel y su dirección en nuestros mayores retos, que aprendemos a confiar en Él en todos los aspectos de nuestra vida.
- ¿Está usted enfrentando un conflicto que parece llevar todas las de perder?
- ¿Está con el corazón destrozado por las acusaciones de alguien, o aplastado por el peso de sus cargas?









Estoy segura que será de gran bendición y edificación para ti.