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No le digas a Dios que no puedes



Dios nunca te pedirá que des más de lo que Él ha puesto en ti, pero tampoco se conformará con que des menos. El Señor nunca nos pregunta si podemos hacer lo que Él nos manda, simplemente nos ordena hacerlo porque las demandas que nos hace, están basadas directamente, en lo que Él ya depositó dentro de nosotros.

En otras palabras, nunca le digas a Dios que no puedes hacer lo que Él te está mandando a hacer, porque si te está pidiendo que lo hagas, es porque Él sabe que puedes hacerlo. Un creador, nunca pedirá a su creación que revele algo que él no haya puesto en ella.

Por tanto, no te rehúses a hacer lo que Dios te manda, cumple con tu encomienda y has uso correcto de lo que el Creador ha puesto dentro de ti. 

El temblando y temeroso dijo: Señor, qué quieres que yo haga?... ”  Hechos 9:6
… Yo he elegido a ese hombre para que me sirva. Él hablará de mí ante reyes y gente que no me conoce ”. Hechos 9:15 | TLA


Pra. Y. Them





Confía En Cristo • Tu Jardín De Fe
Vanessa Martinez © 2012-2018

Es tiempo de salir del rollo



En una conferencia un orador ilustró el concepto de desarrollo, usando un rollo de cinta le pidió a una de las personas que estaban en el auditorio que jalara hasta no quedará más cinta en dicho rollo, y al quedar completamente desenrollada la cinta, (refiriéndose a los presentes) el orador dijo:

“Cuando la cinta estaba pegada al rollo, llevaba dentro todo lo que vemos revelado de ella ahora, pero no podíamos apreciarlo ni teníamos idea de cuál podía ser su nivel de alcance, hasta que decidimos hacer que saliera del rollo”. 

Tal ilustración llamó mucho mi atención, sobre todo porque el orador pedía insistentemente a la persona seleccionada para jalar la cinta que la extendiera hasta alcanzar su máximo nivel de expansión. Es decir, hasta que no quedara ni la más mínima parte de esta, sin haber salido del rollo.

Tomando esto como referencia, considera solo por un momento: 

¿Cuánto pudiera ser revelado de ti, si decides llevar lo que portas, a la máxima expresión?
¿Cuáles cosas de las que aún no has identificado, podrían estar en tu “rollo”?

Procura con diligencia,responder a tu llamado y no sigas estancado. 

“Y oí la voz del Señor que decía: — ¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros? Entonces yo dije: —Aquí me tienes, envíame a mí”. Isaías 6:8 | PDT


Pra. Y. Then





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Vanessa Martinez © 2012-2018

Usa lo que tienes



La dirección precisa para tu vida sólo la puedes recibir por medio de aquel que te creó. Dios te hizo como un diseño exclusivo para que des cumplimiento a una asignación específica, como ya vimos en las reflexiones anteriores.

Así que, en vez de malgastar tiempo comparándote con otros, has uso de la enorme fuente de recursos que Dios ha puesto dentro de ti. Identifica tus talentos y libera lo que tienes, porque a la medida que uses lo que tienes, es que te será aumentado lo que posees.

Ten en cuenta que Dios no te confiará más recursos hasta que no hayas usado sabiamente, los que ya Él te dio. 

“Llegando también el de los dos talentos, dijo: ‘Señor, usted me entregó dos talentos; mire, he ganado otros dos talentos.’ Su señor le dijo: ‘Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor”. Mateo 25:22-23 | NBLH


Pra. J.Then






Confía En Cristo • Tu Jardín De Fe
Vanessa Martinez © 2012-2018

Confía en el Señor con todo tu corazón


No permitas que una decisión fuera de la dirección de Dios
te aparte de la ruta o destino que ya El trazo para ti.
Renuncia a la posición orgullosa de hacerlo a tu manera
y decide confiar que El que te creó te guiará
a que tomes las mejores decisiones. 

⣤ ⣤ ⣤

 Recuerda que el tiempo no regresa
y algunas oportunidades tampoco,
así que hoy decide bien.
Confía en el Señor con todo tu corazón;
y no dependas de tu propio entendimiento.

⣤ ⣤ ⣤

Busca su voluntad en todo lo que hagas,
y él te mostrará cuál camino tomar.
Proverbios 3:5‭-‬6 NTV

Pra. Y. Then



Confía En Cristo • Tu Jardín De Fe
Vanessa Martinez © 2012-2018

Señor, quédate conmigo...


Es maravilloso saber que la presencia de Dios está con nosotros, y la satisfacción de verla manifestarse en nuestras vidas es aún más hermoso y valioso. No porque tal cosa nos sorprenda, sino porque reconocemos que no somos dignos de su presencia, y aun así él se deja sentir, se manifiesta de forma real en nuestra vida y familia. 

Ver su fidelidad e inmenso amor para con nosotros es maravilloso e indescriptible. Por eso, debemos procurar caminar cada día como Dios espera y quiere que lo hagamos; por consiguiente, esforcémonos en vivir una vida pura delante de Dios quien todo lo ve, para que así, su presencia sea siempre con nosotros todos los días de nuestras vidas, y lo veamos manifestarse en nuestros pensamientos, deseos, acciones y proyectos personales como familiares.

Dios nos ayude en su misericordia a mantenernos firmes en él para poder vivir como él espera que vivimos, para que podamos ser luz en medio de las tiniebla. Pidamos a Dios que guíe nuestros pasos para que caminemos ligeros al encuentro de los cansados y desanimados de espíritu.
Dios esté con nosotros cada día de nuestras vidas y nos ayude en todas las cosas por amor a su nombre, conforme el reino de los cielos para manifestación de ello aquí en la tierra. En el nombre de Jesús, Amén.
Digámosle a Dios: Señor, quédate conmigo!!!

Escrito con cariño por tu amiga y 
hermana en Cristo, Vanessa Martinez


Confía En Cristo • Tu Jardín De Fe
Vanessa Martinez © 2012-2014

Camino a nuestro hogar eterno

Un vagabundo que daba tumbos por la vida y un hombre de negocios motivado por la vida cómoda, entablaron una amistad que transformó ambas vidas.

por Ron Hall

No había libros, ni notas, ni un plan de estudios. Tampoco composiciones escritas o exámenes. El curso era solo la cruda enseñanza de un  hombre llamado Denver Moore, que no se había graduado de nada, ni recibido honores —excepto los que le habían conferido sus compañeros reclusos de la Cárcel Angola. En realidad, nunca asistió a una escuela, ni siquiera por un solo día.

No había escuelas para la “gente de color” en la plantación de Louisiana donde había pasado sus primeros años de vida como jornalero sin recibir ningún pago por el trabajo que hacía.

Su aula fue una acera en una concurrida calle de East Lancaster, cerca del contenedor de basura donde dormía, al otro lado de la institución benéfica Union Gospel Mission, en el centro de Fort Worth, Texas. Fue allí donde mi esposa lo conoció, y donde tuvo por primera vez la idea de que él y yo debíamos ser amigos.

Recuerdo una conversación que tuve al principio con Denver, con tanta claridad como si hubiera sucedido ayer. Su aliento tenía el olor penetrante del tabaco viejo, que remataba con el de la sardina enlatada, que me resultaba molesto. Fingiendo que iba a rascarme la barba, moví la mano para taparme la nariz, mientras mis oídos se esforzaban por escuchar su débil voz. “¿Es usted uno de esos cristianos?”, me preguntó.

“Sí”, le respondí.

“Entonces tal vez pueda responder una pregunta que intriga a la mayoría de los indigentes. ¿Por qué es que ustedes los cristianos adoran el domingo a un hombre que no tuvo una casa donde vivir, pero luego le dan la espalda al primer indigente que ven el lunes?”

Por un momento estuve paralizado, como si hubiera recibido un disparo en el pecho.  Finalmente, dije: “No tengo una respuesta para eso”.

“Sr. Ron”, dijo, “uno nunca sabe de quién son los ojos con los que Dios nos está observando. Quizá no van a ser los de su pastor o los del maestro de la escuela dominical. Sino simplemente los de una de esas personas que vive en la calle, al igual que yo”. Entonces me miró fijamente. “A veces, las personas exitosas como usted pueden elevarse tan alto para obtener más riquezas que se olvidan de conocer a Dios. Pero nunca se puede llegar tan abajo para ayudar a alguien, sin que Dios lo tome en cuenta”. 


Doce años antes, mi esposa Debbie me había mostrado el amor de Cristo después de mi larga temporada de infidelidad. Por la lección de humildad que aprendí mediante su misericordia, le prometí que haría cualquier cosa que me pidiera durante el resto de nuestras vidas juntos.Debbie y yo habíamos sido creyentes desde 1974, y ambos habíamos estado viviendo con un propósito específico en nuestras vidas. El de ella era buscar al Dios todopoderoso, y el mío era buscar al dinero todopoderoso. Yo había tenido éxito como negociante internacional de piezas de arte, pero nuestro matrimonio estaba al borde del colapso. Sin embargo, en vez de los papeles de divorcio, ella me ofreció un camino de misericordia, y por la gracia de Dios, finalmente elegí ese camino mejor.Después de estar varios años concentrado en mi profesión, anhelaba hacer realidad mis sueños de vivir en la hacienda que teníamos a unas cincuenta millas de distancia. Pero Debbie tenía otra idea. Me convenció de que construyera la casa de sus sueños en Fort Worth, y fue allí donde ella comenzó a escuchar a Dios por medio de una clase de sueño diferente  —la clase que Dios utiliza para hablar. Un día, ella tuvo un sueño con un indigente y hasta le vio la cara. “Como dice un versículo de Eclesiastés (9.15), se trata de un hombre pobre pero sabio. Y por su sabiduría, nuestras vidas y la ciudad serán cambiadas”.

Debbie estaba resuelta a encontrar al hombre que había visto en sus sueños, y comenzó a servir como voluntaria en Union Gospel Mission —y finalmente me convenció de que ayudara sirviendo las cenas en esa institución. Yo estaba un poco receloso. Años antes, en la ciudad de Nueva York, se me acercó un indigente agresivo que amenazó con matarme. Después de ese encuentro, rehuía a los indigentes, y me preguntaba: ¿Qué me puede llegar a pasar si me detengo a ayudar?

Dos semanas después, estando yo en el comedor, entró gritando un hombre furioso, sin zapatos ni camisa, diciendo que iba a matar a todo el mundo, a menos que el que había robado sus zapatos se los devolviera.

“Ese es el hombre con el que soñé”, me gritó Debbie, mientras yo encontraba refugio debajo de la mesa de la comida.  “Y tengo la convicción de que Dios me dijo que tú tienes que convertirte en su amigo, y descubrir el porqué de mi sueño”.

“Pero yo no estaba en esa reunión que tú tuviste con Dios”, le respondí gritando, “y si voy a ser amigo de alguien que quiere matar a todo el mundo, ¡creo que yo mismo debería hablar con Dios de eso!

Después de perseguirlo durante cinco meses, por fin logré que el hombre entrara en mi automóvil, a pesar de que gritaba que lo dejara en paz. “Me encantaría dejarte en paz”, le dije, “¡pero mi esposa me dijo que tengo que ser tu amigo!”

A él le caía bien Debbie, por lo que prometió pensar en eso. Dos semanas más tarde, él estaba sentado frente a mí a la mesa en una cafetería. “Hay algo que he escuchado acerca de los blancos que realmente me molesta, y tiene que ver con la pesca”, me dijo.

Extrañado de que me dijera eso, le respondí que yo no era pescador, y que no estaba seguro de que pudiera decirle algo para aclararle lo que él pensaba de mi raza.

“Apuesto a que sí puede. Escuché decir que cuando los blancos van a pescar, hacen lo que se llama ‘atrapa y suelta”.

“Es un deporte”, le dije.

“Bueno, si usted es un blanco que sale a pescar a un amigo, y después que lo atrapa lo suelta, entonces yo no tengo ningún deseo de ser su amigo”.

Con el corazón latiéndome con tal fuerza, que casi se me salía del pecho, yo estaba allí sentado frente a frente con un hombre al que temía. Pero las palabras que él acababa de decir eran las más sabias que yo había escuchado en cuanto a la amistad. Me llegaron directamente al corazón. Me preguntaba si yo era el que había sido pescado.

Con Denver aprendí la diferencia que hay entre “bendecir” y ayudar. Una vez me preguntó por qué yo estaba siempre dando billetes de a dólar a la gente de la calle, y sirviendo espagueti en la misión. “Porque me gusta ayudar a los indigentes”, le dije.

“Sr. Ron”, me dijo, “usted no está ayudando a nadie. Lo único que está haciendo es sentirse mejor por ser rico. Está bendiciendo a la gente con sus dólares y su servicio, pero un dólar y un plato de comida no cambian una vida. Para eso hace falta amor. Si usted quiere en serio ayudar a alguien, tírese al hueco en que se encuentra la persona, vende sus heridas y quédese con ella hasta que tenga las fuerzas suficientes para salir”.

Denver comprendía que la falta de hogar no es un problema que debe resolver el gobierno —es un problema que debe resolver la gente de la iglesia. No sé cómo sabía esto, pero me dijo que hay al menos el mismo número (si no más) de iglesias en los Estados Unidos, que personas sin hogar viviendo en las calles. “Si cada iglesia se ocupara solamente de una persona sin hogar, el problema se resolvería”, dijo. “Yo no soy un hombre muy inteligente, Sr. Ron, pero a mí me parece que hay demasiado estudio de la Biblia, pero no suficiente práctica de la Biblia”.

No hacía falta tener un doctorado para comprender que Dios tenía un plan para nuestra relación. Pocos meses después de haber iniciado nuestra amistad, Denver me dijo: “Qué bueno es lo que está haciendo la señora Debbie por los indigentes —ella es muy valiosa para Dios. Y cuando alguien es valioso para Dios, también es importante para Satanás. Tenga cuidado, porque algo le ocurrirá a la Sra. Debbie”. Poco días más tarde, ella fue diagnosticada con cáncer en etapa 4. Durante los diecinueve meses siguientes, peleamos la peor de las batallas. Denver se convirtió en un soldado en el ejército del Señor, y luchó al lado de nosotros. El hombre que una vez pensé que no tenía nada que ofrecerme en una amistad, se convirtió en la persona que Dios utilizó para fortalecernos cuando enfrentábamos las horas más oscuras. Las últimas palabras que me dijo mi esposa, fueron: “No te des por vencido con Denver —Dios va a bendecir la amistad de ustedes de maneras que no podemos imaginar”.


Con Debbie ahora en el cielo, Denver se mudó a vivir a mi casa. Me contó que el Señor le había hablado antes de su muerte, y le dijo que recogiera la antorcha de Debbie a favor de los indigentes —y eso fue lo que él hizo. El sueño de Debbie de que nuestra ciudad iba a ser cambiada por un hombre pobre pero sabio, se convirtió en una realidad. Cuatro años más tarde, Denver fue nombrado Filántropo del Año por su trabajo a favor de los indigentes de Fort Worth, y se creó la nueva misión. Y con el paso del tiempo, Denver y yo hablamos en más de 400 eventos a favor de los indigentes, lo cual ayudó a recaudar más de 70 millones de dólares, y esto llegó a misiones en todo Estados Unidos.Denver vivió conmigo durante nueve años hasta su muerte en marzo de 2012, a los 75 años de edad. Lo extraño mucho. Pero utilizando las palabras de mi amigo: “Ya se trate de que seamos ricos o pobres, este mundo no es el lugar de descanso final. Por eso, en cierto modo, todos somos indigentes —abriéndonos camino a nuestro hogar eterno”.

Si esta historia de la vida real toco tu vida, te invito a dejar un comentario! Dios te bendiga!

Ron Hall y Denver Moore son coautores de los libros Same Kind of Different As Me [Tan diferente como yo] y What Difference Do It Make? [¿Qué importancia tiene?] Y crearon el estudio bíblico para grupos pequeños llamado Same Kind of Different As Me poco antes de la muerte de Moore.

Fuente: EnContacto


Enciende una Luz


Por esa hija que hoy no tienes entre tus brazos,
por aquella madre que está trabajando
arduamente en la obra de Dios,
por aquella esposa que hoy atraviesa
grandes y difíciles pruebas,
por aquella hermana
que le han herido el corazón,
por aquella amiga que aun no se a rendido
a los pies del Señor. 

Enciende una luz dentro de tu corazón,
mediante un tiempo de intercesión,
que necesitan un obrar de Dios a su favor,
y verás como su paz que sobrepasa cualquier entendimiento
las alcanzará, las consolará y las sustentará.

Enciende una luz de oracion
y Dios en su fidelidad y amor infinito
definitivamente les alcanzara!
Y ebenezer declararán!!

-Una Mujer de Paz-


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